miércoles, 12 de febrero de 2014

La toma de la Casa


Tomar el sótano fue fácil, los informes de inteligencia estaban acertados y no tuvimos ningún tipo de problemas con los locales. La cabeza de playa fue de madrugada, a las 5200 horas. Estuvimos trabajando en el máximo silencio y, según lo previsto, concluimos los operativos a las 13000. Sin embargo el coronel había decidido dejar pasar algunas horas por cautela. El coronel siempre fue incapaz de exponer a su tropa a riesgos innecesarios.
Comenzamos la segunda fase a las 19300 horas. Fueron momentos tensos, teníamos que cubrir terreno y asegurarlo, pero sin alertar a los locales, y rogando que los encargados de la inteligencia no hubiesen descuidado ningún detalle. A las 20000 horas, ante nuestra indiscutible superioridad, los locales se atrincheraron en la última sección de la casa. El único paso estaba franqueado por una puerta de roble. El coronel mantuvo una comunicación con sus superiores y acordó que era mejor disfrutar de este avance y esperar a que las circunstancias fuesen más propicias para continuar a la siguiente sección.
Esa noche fuimos a dormir temiendo que los locales contraatacasen, a todos nos temblaba el pulso de solo pensarlo. A la mañana siguiente, el coronel estaba preocupado, igual que varios de nosotros, porque, sin habernos dado cuenta, habíamos entrado de lleno en una guerra de trincheras. Los reportes de inteligencia advertían que del otro lado de la puerta el espacio para combatir no abundaba y, progresivamente, nuestra oportunidad de tomar el lugar rápido se disipaba. El coronel ordenó preparar dos líneas de defensa frente a la puerta de roble para ganar tiempo en caso de contraataque, y dispusimos el resto de nuestros recursos para preparar las condiciones del futuro avance.
Debo admitir que fueron días muy arduos, organizamos escuadrones de infiltración, y desplegamos una red de micrófonos para tomar sonidos del territorio hostil. En un principio me opuse a tal gasto de energía por considerar que los locales ya estarían al tanto de estas técnicas y hablarían en código o nos darían datos falsos para confundirnos. Pero el objetivo de aquella tarea era otro, y aún me arrepiento de haber desconfiado del coronel; la única información que relevaríamos sería la concerniente a la rutina de los locales, solo así seríamos capaces de percibir las potenciales grietas en su sistema de guardias.
Casi cuatro semanas después el coronel decidió que habíamos recobrado suficiente información, si bien eso era cierto, entiendo que la decisión del coronel fue apresurada porque la moral de los hombres estaba en baja y requería un golpe de efecto. La guerra de trincheras es algo muy desgastarte y lo único capaz de evitar una posible revuelta era terminar todo lo más rápido posible. Según la información, a la noche comenzaban a cesar las rondas de vigilancia, pero no lo suficiente como para temer una trampa.

A las 21000 forzamos sigilosamente la puerta y, con más nervios que nunca, cruzamos el umbral. No recuerdo si fue el cabo Jenkins o el sargento Monroe quién delató nuestra presencia cuando, traicionado por su impaciencia, tumbó, sin desearlo, una silla con su fusil. Inmediatamente, preparados para lo peor, nos apostamos para la batalla. Pasaron los minutos y la espera se hacía cada vez más tensa; no podíamos avanzar sin correr el riesgo de caer en una emboscada, pero tampoco podíamos retroceder solo por temerla. Adelante nuestro, en el corazón del territorio hostil, se escuchaban ruidos; algunos apresurados, pero cada vez más sordos y lejanos. Finalmente quedamos en silencio. Confieso que ese fue el peor silencio de mi vida, cada segundo parecía una hora. En un repudiable acto de irresponsabilidad, con los nervios hechos añicos, el cabo Brown, se lanzó al ataque, dispuesto a sacrificarse solo para ahorrarnos a los demás ese destino. Pero no encontró resistencia, no pasó nada, poco a poco fue calmándose. Algunos hombres le siguieron, otros temíamos caer en una trampa infantil, pero no fue así. Finalmente el perímetro fue asegurado, la casa había sido tomada.

jueves, 15 de noviembre de 2012

Un extraño




Mas de un millón de voces sintieron el golpe. Era un cuerpo extraño. Habían olvidado como defenderse. Las partes más débiles comenzaron a morir.

Él abrió los ojos.

Las voces se callaron.

Él intentó recordar. Su mente, en blanco. Sus sentidos no respondían.

La noción, detrás de las voces, tomó conciencia del requerimiento del huésped.

La luz repentina lo cegó. Se cubrió el rostro con ambas manos.

Las voces lloraron con los movimientos del extraño.

Se sentó en lo que creyó que era el borde de la cama. Sus ojos no se acostubraban a la paralizante luz todavía. Mientras tanto, trataba de entender.

El millón de voces no necesitó sonido para hablar. Ni palabras para presentarse.

Ël se estremeció. Lo invadía la calidez, la plenitud, la sincera alegría. Vio su vida de principio a fin. Vio cada detalle, una y mil veces. Aprendió que todo tenía un sentido.

La conciencia que existía detrás de las voces sintió como una parte suya había desaparecido. Supo que era inútil dejar pasar más tiempo.

Sintió que algo lo llamaba. Era algo que nunca había sentido antes.

¿Cómo se llamaría eso que sentían?  La conciencia entre las voces entendió que eso era lo que llamaban muerte.  Miles se callaban. ¿Cómo se llamaría ese antes y después? Eso era lo que llamábamos tiempo.

Él estaba entregado a esa bondad que lo había transportado. Entregaba toda su vida a eso. Sentía como su vida se repetía. Nacimiento y muerte. Cada vez como algo más lejano.

Las voces comenzaron a percibirse unas a otras. Ya no eran un todo. Todavía quedaba un resto de la noción que antes la unía. Ahí radicaba la única ¿esperanza? Si, así lo llamaban los antiguos.

El bienestar que había sentido se disipaba. Detrás de esa cortina quedaban millones de voces que se desangraban con cada latido que su corazón daba.

Las voces disminuían. Muy pocas se descubrieron lo suficientemente fuertes como para resistir una presencia. Pero había algo que las unía. Había un motivo para que la noción no desaparezca.

El brillo a su alrededor disminuyó lo suficiente para dejarlo abrir los ojos. Se vio sentado en la nada. La luz que lo había cegado se marchitaba.

La noción volvió a sentir lo que desde hacía mucho no sentía. Recordó lo que había olvidado junto al cuerpo. Y comprendió lo que necesitaba para seguir su viaje. Antes de que sus fuerzas la abandonen, la invadió la culpa y supo que  debía dar una explicación al recién llegado.

Mientras la luz moría a su alrededor, un solo destello permaneció indemne. Estaba delante suyo.
Sintió que el destello crecía. La luz lo invadió. El bienestar lo hizo caer.

Se descubrió en la cama. Trató de correr una sabana para taparse cuando recordó lo que había soñado. Sin abrir los ojos se dejó llevar por esa sensación que todavía perduraba.
Trató de recordar su sueño y se encontró con algo nuevo. Algo con lo que no había soñado, pero que había reemplazado a todo lo anterior.
Vio miles, millones de personas que decidieron vivir felices. Vio como estas eran cada vez más. Supo que el bienestar era tanto que se dejó de medir el tiempo. Y después el amor que todos sentían por la vida fue tal que ya no fue necesario un cuerpo. Todas esas almas se unieron y supieron que esa era su forma original. Pero en la carrera por seguir avanzando habían olvidado quienes eran. Para poder dar un paso adelante, era necesario volver a recordar lo que se sentía antes. Tenían que tener plena conciencia del camino recorrido para no repetirlo.
Cuando se levantó esa mañana, supo que había tenido un sueño inolvidable. Había soñado con el próximo paso de la humanidad.
Pero había olvidado que la humanidad lo había elegido a él para darlo.   

martes, 6 de noviembre de 2012

A la deriva



La tormenta de arena estaba terminando. A pesar del dolor que le causaba la arena en los ojos, la figura que ahí se encontraba no detenía su paso. El extraño hacía un esfuerzo sobrehumano para no detenerse, porque si lo hacía quedaría completamente cubierto por la arena del desierto.
Unos minutos después el viento cesó y el cielo se despejó, La figura se detuvo y miró a su alrededor para comprobarlo, un instante después volvió a caminar como si nada. Ni siquiera hizo un intento por sonreír a pesar de que dentro suyo había una sensación que podría llamarse alegría.
Hacía tiempo ya que la tormenta de arena se había disipado por completo y el hombre seguía caminando por el desierto sin siquiera vislumbrar la posibilidad de detenerse, hacía poco tiempo que había pasado el mediodía.
Ese extraño era un hombre de mediana edad, en su cenit. Desnudo y lampiño, con pronunciados rasgos y cara de nada. Con paso seguro caminaba incansablemente por aquel océano de arena infinita. Con mirada ingenua, y rostro decidido. El sol era radiante y no había ninguna nube a la vista (¿quién sabe hacía cuantos años que no había una nube por ahí?) La temperatura era altísima, pero eso no molestaba a ese hombre a pesar de tener la piel escaldada. El sol radiante quemaba su piel pero el no sentía dolor. Es que había desconectado sus circuitos de irrigación sensorial externa. De lo contrario estaría absolutamente paralizado por el dolor que le hubieran causado las tres heridas de importancia que tenía. Su brazo izquierdo estaba en pésimo estado. Casi destruido totalmente. Partes de su bio-estructura se escurrían minuto a minuto, era muy difícil calcular el grado de los daños pero era seguro que la perdida de las funciones sería total...
El daño era tal que la función autorreparativa de su biomecánica ni siquiera se activó. Automáticamente se había relegado al último lugar en la lista interna de tareas pendientes, casi sin esperanza en absoluto. También estaba dañado su pie izquierdo y, en menor medida, el muslo de la misma pierna. Al pie solamente le faltaban unos dedos y parte de la planta, así que tardaría unas semanas en autorrepararse, mientras que la herida en el muslo era menor y solo tomaría unas horas mas de dedicación en segundo plano de las partículas bioestructurales para concluir la reparación.
Con todo eso estipulado el extraño trató de ver la situación y los motivos por los cuales se encontraba caminando por el desierto, herido, hecho un despojo de tecnología viviente y pensante. Buscó a través de sus neurotransmisores y en su cavidad almacenadora de memoria pero todo estaba en blanco, incluso revisó su bitácora interna, pero está también estaba vacía. No tenía ningún recuerdo anterior a la tormenta de arena, parecía todo borrado a propósito.
En ese momento una voz resonó en su mente...

...te llaman anomalía...

El extraño se sorprendió al escuchar aquel susurro. Miró frenéticamente a su alrededor aún sabiendo que se encontraba solo, sus sentidos no podían percibir absolutamente nada. ¿Me llamo anomalía? El extraño estaba desconcertado, esa voz  ancestral había resonado desde dentro suyo, golpeándolo como un latigazo. Anomalía. Ese era su nombre. Esa verdad lo conmovió, perdió el equilibrio y cayó de rodillas. Se encontraba sufriendo una crisis en los sistemas mentales primordiales, casi lo que podría llamarse un colapso total.
Anomalía temblaba y hasta una salada lágrima corrió por su rostro mientras comprendía que aquella frase tenía gusto a recuerdo olvidado a propósito. En ese momento descubrió que su memoria no había sido borrada sino bloqueada, y que ese no era un bloqueo total. Aquella frase provenía de su propia memoria y había escapado a la barrera que detenía todos los otros recuerdos.
Arrodillado en la ardiente arena permaneció horas enteras, buscando entre sus neurotransmisores el lugar exacto por donde aquel recuerdo escapo al bloqueo, pero no hubo suerte, todo el sector de la memoria a largo plazo estaba en blanco.
Una señal de aviso interna lo sacó de su introspección, había concluido la reparación de su muslo. Revisó sus funciones aún estando seguro de que la reparación era perfecta, era una suerte de orgullo lo que sentía por sus bioparticulas, nunca fallaban Después continuó su caminata.
Estaba anocheciendo, su reloj interno activó automáticamente el modo de descanso. El extraño quedó dormido inmediatamente en el lugar en donde se encontraba, sin posibilidad de réplica.

En sus sueños una imagen difusa apareció ante él. Se trataba de una mancha de color plateado, algo metálico, con forma de rombo, en cuyo centro se encontraba un brillo carmesí. Un trueno causó que estallase en mil partes dejando a su paso una luz cegadora... A su alrededor, Anomalía escuchaba un murmullo de asombro mientras que la luz lo inundaba todo.

El extraño se despertó sobresaltado, bañado en sudor artificial y con los circuitos químico-emocionales alterados. Todos sus circuitos funcionales internos estaban acelerados notoriamente. Le tomó unos segundos serenarse, finalmente se puso de pie y comenzó a andar. Estaba amaneciendo.
Pasó las horas siguientes caminando sin prestar la atención debida a su entorno, porque el sueño que había tenido lo desequilibraba emocionalmente. Anomalía estuvo todo ese tiempo sin poder dejar de pensar en su sueño y para peor, cada vez que  recordaba aquello sentía un escalofrío. Finalmente llegó a la impulsiva conclusión de que estar en aquel estado podía resultarle perjudicial para su integridad física, entonces cambió su modo interno de funcionamiento; así abandonó el estado de "Vigilia consiente para entrar en el de ¨Supervivencia/adaptación¨. De esta forma todos sus recursos estarían ligados a la observación y asimilación del medio y de los cambios que ocurrían, así como de las estadísticas aproximadas sobre lo que ocurriría a su alrededor.
Así permaneció por más de seis horas de marcha, hasta que sus sistemas de rastreo lo alertaron sobre una estructura no natural que se encontraba a varios kilómetros de distancia, al límite del alcance de su senso-radar.
Un sentimiento agradable conmocionó a Anomalía, era una extraña forma de ansiedad, saturada de adrenalina. Anomalía tuvo que detenerse por un instante, ya que aquella sensación estaba apunto de hacer colapsar su centro quimico-emocional. Intentó calmarse, segregando pequeñas dosis de neurodopamina para relajar su agitada mente, pero aquella sensación había causado una revolución dentro de los transmisores neuronales de Anomalía y la calma absoluta parecía una utopía.
Nuevos datos llegaban a su conciencia. Eran recuerdos relacionados con aquella emoción: Era apenas un adolescente ansioso, estaba sentado, rodeado de otros como él, miles dentro de una habitación gigante. Las paredes y el techo eran grises y todo parecía frío y estéril, incluso sus semejantes, no había forma de distinguir uno de otro. Eran miles y estaban todos allí esperando algo. La ansiedad y la excitación hacían que esa espera le resultase una tortura.
Nuevamente se repitió la escena del sueño. Y cuando la luz cegadora se hizo presente y los murmullos crecieron un inmenso terror invadió a Anomalía.

En total los recuerdos de Anomalía, anteriores a la tormenta de arena, no pasaban de un par de segundos, pero tenían un efecto poderoso dentro suyo, capaces de hacerlo detener su marcha y turbarlo infinitamente. Esto lo inquieto y hasta sentirse desganado y perdido. Pero nuevamente tomó el control de la situación y decidió que sería buena idea dirigirse hacia la estructura para ver de qué se trataba. Entonces fijó su ruta y marcho en el modo supervivencia/adaptación, solo porque no deseaba gastar energías extras vagando por sus recuerdos.
Caminó durante dos días y dos noches en aquella dirección, hasta que finalmente llegó en el mediodía del tercer día.
Se trataba de una construcción de más de veinte metros de altura, totalmente derruida. Era imposible calcular su antigüedad exacta. Anomalía pensó que también sería un despropósito gastar recursos en semejante tarea sin motivos, pero con solo ver el estado en que se encontraba podía deducirse que se trataba de una construcción histórica, con siglos bajo la arena, enterrada y dejada al descubierto por los vientos y las tormentas innumerables veces.
-Siglos, quizás un poco mas- concluyó Anomalía para detener un impulso científico que, de otra forma, le demandaría aproximadamente unas once horas y veintitrés minutos en satisfacer, según sus estadísticas internas automáticas le indicaron.
Anomalía permaneció frente a la estructura por unos minutos, observando su majestuosidad, y apreciando, casi artísticamente, como esa semejante mole artificial rompía la llanura ondulante.
Una nueva sensación acometió contra la calma de Anomalía. Se sentía pequeño en comparación con aquella estructura. No era simplemente una cuestión de tamaño ni una mera observación, El se sentía realmente pequeño, solo rodeado de nada. Un escalofrío no programado nació en los pies de Anomalía y subió por su espalda causándole extrañeza. Era una reacción primal, indetenible, inexplicable a la lógica, y en el momento en que llegó al final de su recorrido, Anomalía descubrió que aquel impulso primitivo había desbloqueado otras partes de su memoria.

Tardó unos instantes en reconocerse a sí mismo en la mesa de operaciones. Era apenas un bebé, y unas maquinas trabajaban sobre su cuerpo con objetos punzantes y con destellos de luces. Esto causaba un gran dolor al pequeño Anomalía, pero después de colocar unos cables en su cabeza el dolor cesó por completo. Solo quedaba una sensación de miedo que después de unos segundos se disipó. Unas horas después el proceso había terminado. Entonces fue llevado por personas sin rostro hacía unas cámaras transparentes, su centro de raciocinio le indicó que eran tantas como adolescentes sentados en su anterior sueño. Fue dejado en una y el dolor en su cuerpo volvió con más fuerza que nunca. En ese momento escuchó una voz que hablaba directamente a su mente, esa voz le decía que estaba en una “cámaradeincubación” y que el dolor se debía a que su cuerpo estaba creciendo aceleradamente. Quien le hablaba se presentó como “El encargado”
Anomalía desconocía el significado de estas palabras, pero de alguna forma el tono calmado de la voz de El encargado logró tranquilizarlo, después de unos minutos el dolor se detuvo, Anomalía pasó largas horas dentro de la cámara y aprendió a confiar en El encargado siempre le indicaba lo que ocurriría y lo tranquilizaba cuando el dolor se hacía insoportable. Finalmente las luces de la cámara se apagaron, Anomalía estaba listo para salir.
Al terminar de revisar esa partida de recuerdos Anomalía pensó una última vez en aquella voz y una sensación cálida y agradable hizo que sonriera.
Un minuto después volvió en sí. Miró la estructura por última vez y se marchó.
Para cuando cayó la noche la construcción ya se había hundido en el horizonte.

En sus sueños volvió a reaparecer la misma escena de antes, pero esta vez todo era más nítido. El rombo plateado con su rubí central, se encontraba frente suyo. Las paredes y el techo eran de un color verde metálico. A su alrededor el murmullo se hacía audible. Una palabra se repetía constantemente: Anomalía.
El trueno calló todos los murmullos, y el suelo empezó a temblar. La luz cegadora hirió a Anomalía. Y donde antes hubo murmullo, ahora habían gritos de asombro.

 Anomalía se despertó sobresaltado, su radar lo alertaba sobre una tormenta de arena que se dirigía hacía donde el se encontraba. Estaba amaneciendo.
Automáticamente comenzó a correr en dirección contraria a la tormenta. Debía alejarse lo más rápido posible de la tormenta. La herida de su pie aún no estaba reparada por completo y su brazo seguía inutilizable. Esto complicaba seriamente su huida y como lo había previsto desde el comienzo de su carrera desesperada, un centenar de metros bastó para que la tormenta lo alcanzase. Una vez dentro supo que era inútil luchar contra la tormenta, así que dejó de correr para solamente seguir caminando hasta que la tormenta cese, sabía que si en algún momento se detenía, sería sepultado vivo por las toneladas de arena que la tormenta dejaba a su paso.
Anomalía caminó tres días enteros sin detenerse. En la mañana del cuarto la tormenta se detuvo y Anomalía se encontró frente a frente con otra construcción mucho más extraña que la anterior. Mucho más antigua también por lo que le indicaba sus circuitos exploradores internos.  Frente suyo se erigía un portal de más de cien metros de altura. Parecía labrado en un mineral que Anomalía no pudo reconocer, y según su sistema cualitativo era imposible de fechar su antigüedad. El material era oscuro, frío y opaco.
No parecía algo de este mundo.
El descubrimiento despertó asombro en Anomalía, pero esta sensación fue rápidamente reemplazada por otra mucho más desagradable. Anomalía sintió miedo y desamparo frente a este portal. Y nuevamente recordó. Viose corriendo hacia unas puertas plateadas que se cerraban a medida que el se acercaba. A pesar de sus esfuerzos supo que no llegaría y en un acto desesperado, lanzó su cuerpo hacia la cada vez más pequeña apertura.
Un estruendo indicó que las puertas se habían cerrado, Anomalía apretaba los ojos para resistir el dolor, luego de unos instantes de shock pudo concentrarse lo suficiente como para cancelar la función “dolor” de su sistema regulador. Con temor abrió los ojos para descubrir que gran parte de su cuerpo había sido prensada por la puerta al cerrarse y peor aún era que el se encontraba fuera...
Anomalía cayó de espaldas sobre la hirviente arena. Acongojado, como si hubiera descubierto muchas cosas más de las que descubrió. Miró su brazo faltante y suspiró.
Tambaleante se puso de pie y se acercó hacia el portal en frente suyo, y apoyó su mano en él frió mineral. Una lágrima corrió por su rostro ahora inmutable, y así permaneció hasta que anocheció.
En su sueño apareció una vez más la escena anterior, pero esta vez fue muy diferente a las demás. Ahora podía ver con claridad lo que ocurría. Nuevamente se encontró frente al rombo plateado y un instante después este estalló para dar paso a la luz cegadora y a los gritos. A medida que pasaron los segundos y sus ojos se acostumbraron al brillo, los gritos dieron paso a murmullos y a expresiones de asombro. Delante suyo se encontraba el desierto. Pero no a su alrededor, ahí estaba bajo techo y en una habitación enorme, con un tumulto a sus espaldas. En ese momento sitió como una mano se apoyaba sobre su hombro. Anomalía giró la cabeza para ver quien era y vio a un hombre ya anciano, con una sabia pero triste expresión en el rostro, a quien Anomalía reconoció como El encargado, este bajo la mirada al encontrar los ojos de Anomalía. Un segundo después Anomalía preguntó al Encargado si se encontraba bien, a lo que aquel respondió con una sonrisa mecánica. Anomalía miro a su alrededor y vio a mas de un centenar de figuras similares al Encargado, vestidos con túnicas y capuchas coloridas e idénticas para todos.
Algunos se horrorizaron al haber sido vistos por Anomalía, otros se taparon las caras, pero lo que los caracterizaba era la expresión de asombro ante el desierto que se habría ante ellos.
Las puertas estaban abiertas por completo, Inmediatamente Anomalía supo que eso no era algo que pasase regularmente.
El encargado señalo hacia el exterior y miró a Anomalía, como indicándole que hacia allí debía dirigirse, un segundo después, suavemente, presionó su hombro con una mano para encaminarlo.
Lo acompañó unos pasos. Anomalía comenzó a sentir miedo. Porque comprendió que se dirigía hacia lo desconocido. Porque era el único. Porque...
  El Encargado se dirigió a el nuevamente- Debes ir por ese camino, señalando el desierto. No debes detenerte por mucho tiempo, es peligroso que vuelvas atrás.-
Anomalía sintió que era imposible resistirse a esa orden, pero un segundo antes de partir se volvió hacia El encargado y le preguntó el por qué de su partida.
El encargado se acercó a él por una ultima vez y le dijo –Eres un fallo en el sistema, nuestros expertos te llaman anomalía. Nuestro mundo ya esta ordenado y no nos sobran recursos. No podemos darnos el lujo de mantenerte con nosotros únicamente por gusto científico. Ahora camina.- Después de escuchar estas palabras y sin haberlas comprendido, Anomalía se encontró caminando por el desierto cuando escuchó un estruendo similar al que habían hecho las puertas al abrirse. Dio la vuelta y vio como, detrás suyo, las puertas de una majestuosa ciudad plateada se cerraban. Corrió, con toda la velocidad que pudo, lleno de miedo y de angustia. Corrió, dio su mejor esfuerzo, pero eso no alcanzó para llegar a tiempo. Como consecuencia su brazo y su pierna fueron aplastados por las gigantescas hojas de plata de unas puertas sin misericordia.

Anomalía abrió los ojos, estaba amaneciendo, se puso de pie y sacudió la arena de su cuerpo. Pensó en quedarse un momento observando el amanecer, pero una voz interior le decía que debía marchar. Anomalía comenzó a caminar por el desierto, sin un destino, totalmente a la deriva. Añorando en secreto la ciudad de plata que lo había expulsado.

lunes, 23 de enero de 2012

Vidas Paralelas

Era de noche, Gastón subió a la terraza de su casa para regar las plantas. El agua y el fresco de la noche eran la mejor terapia que aquellas pobres plantas podían necesitar despues de una caluroso día de verano. Gastón tomó la botella de plástico y la pùso bajo la canilla abierta hasta que estuvo llena. Luego se acercó a la primer fila de macetas y comenzó a echarles agua suevemente, como si en realidad fuese una tenue lluvia de verano. El nebuloso ser a su lado le dijo: -Las plantas conocen tus intenciones.- Gastón lo vió y sonrió asintiendo, luego sacó un paquete de cigarrillos de su bolsillo y prendió uno. El ser a su lado prosiguió: -Es una forma de instinto muy elemental lo que ellas tienen, ellas saben si vas a hacerles daño o no. Desde que dejan de ser semilla y conocen por primera vez la luz del sol en sus tallos y hojas, prestan atención a su entorno. Ellas saben si un insecto va a devorarlas por completo como una plaga o si va a brindarle algo a cambio, formando una simbiosis.- Gastón se acercó a una planta muy jóven que había delante suyo y apoyó el encendedor en uno de sus tallos. El ser nebuloso miró hacia las estrellas tomándose unos instantes antes de contestarle: -Como te dije, las plantas leen las intenciones, todas sabían que no lo harías, lo sabían incluso antes de que tu decidieras intentarlo. Leen en tu interior, las riegas noche a noche, las cuidas diariamente, saben muy bien que jamás las dañarías así como así.-
Gastón vio su mano sosteniendo el encendedor y luego recorrió con la vista la terraza. Estaba solo. Guardó el encendedor en el bolsillo, junto al paquete de cigarrillos y siguió regando cuidadosamente las plantas, fumando en silencio, sintiendose en calma.

sábado, 22 de octubre de 2011

Requiem

Todos los insectos en la cercanía se enteraron al escuchar los gritos del mosquito que desesperado volaba de un lado al otro. Escuchar esa noticia era como enterarse de que el mundo se venía abajo. Era gravísimo lo que estaba pasando. La araña estaba muerta. Recién cuando el saltamontes pudo contener al casi demente mosquito, recién ahí se enteraron de que la araña había sido asesinada. Su prima la araña galponera, tuvo un colapso nervioso y hubo que alcanzarle una almohada porque se desmayó.

Justo la araña, tan fuerte y voluntariosa que era. Siempre tan predispuesta para ayudar a todos.

Solamente la mosca Rita no se mostró triste al escuchar la noticia. Era porque ella y la araña habían discutido hacía poco tiempo. Pero al poco tiempo de escuchar la noticia Rita no aguantó las lágrimas y rompió en llanto. Tanto tiempo fueron amigas como para poder olvidar una discusión.

Pasaron unos minutos y nadie podía comprender como alguien había asesinado a la araña. Era la mas fuerte de los insectos del jardín. No podía ser verdad.

Finalmente una cucaracha se ofreció para ir a verificar si lo que el mosquito decía era cierto. Entonces se lustró bien el caparazón y se dirigió con rumbo a la casa donde estaba el cuerpo de su amiga.

Pasaron los minutos y la intriga crecía, al cabo de media hora una de las pulgas, que estaba subida al árbol, vio que la cucaracha regresaba.

Estaba mareada, muy mareada. Y estaba pálida también. Les dijo que había visto el cuerpo de su amiga y que por acercarse ella había resultado envenenada también. Pero que como había hecho a tiempo a salir rápido el efecto del veneno no era muy grave.

Pasaron unos minutos y la cucaracha se recuperó.

Todos los insectos se juntaron para decidir que hacer. Estuvieron debatiendo por horas hasta que finalmente llegaron a una conclusión.

Ya era madrugada cuando entraron a la casa y fueron directo al baño. La familia estaba durmiendo Así que no serían interrumpidos. Llegaron a donde se encontraba el cuerpo de la araña, al lado del bidet. Todos estaban muy tristes, algunos lloraban. Entre todos hicieron una procesión cargando el cuerpo de su amiga hasta el inodoro donde un grupo de hormigas laboriosas, tras mucho esfuerzo, logró hacer correr el agua. Así se despidieron los insectos de su amiga, en silencio y con el aroma a desinfectante del agua en lugar de flores.

domingo, 11 de septiembre de 2011

Cuidado con las ofertas

Al principio, como era de esperarse, a nadie pareció llamarle la atención la máquina del tiempo. Apareció publicitada en una revista como tantos otros artilugios ingeniosos que solo servían en la imaginación de sus compradores. La única diferencia era que la máquina del tiempo sí funcionaba. El aviso era bastante simple: ¿cansado de llegar tarde? ¿siente que no le alcanzan las horas del día? TimeStop® es la solución a sus problemas. El aparato era una cajita de unos veinte centímetros de lado por cuatro o cinco de alto con un pulsador en su centro. De más está decir que no se trató de un éxito comercial, y eso no era precisamente debido a que el producto fallase; de hecho, innumerables travesuras fueron perpetradas por sus dueños (niños en su totalidad, por suerte). El pulsador permitía al usuario detener el tiempo con una pulsación quedando él libre de hacer lo que se le ocurriese, la detención temporal duraría mientras las baterías del producto tuviesen carga óptima, al bajar la carga un mecanismo automático se disparaba retomando al tiempo a su flujo normal. Todo esto pasó desapercibido por los adultos responsables que solo vieron como sus hijos e hijas ponían baterías nuevas en una cajita que las consumía en instantes sin que nada especial ocurriese. Los padres nunca entendían por que eran tan felices sus hijos con el TimeStop®. Sin embargo las ventas del producto alcanzaron para costear los costos y financiar un futuro relanzamiento mejorado del producto. Dos años mas tarde apareció en las revistas dominicales el TimeMaster®, versión mejorada de su predecesor y de ahí solo pudo suceder lo peor. Un incauto compró el aparato y luego de activarlo se le soltó de las manos, estallando en mil partes al chocar contra el suelo, quedando el tiempo detenido para siempre.

miércoles, 25 de mayo de 2011

Esqueleto.

-Señor alcalde: ¡volvió a aumentar el delíto!-

-Muy bién, los delincuentes no se saldrán con la suya ¡Tiren la bomba!-

-Fin de la ciudad.

martes, 24 de mayo de 2011

Que sea lo que sea:

Cuando son chicos, los gatos duermen y se despiertan todo el tiempo.
Cuando crecen, duermen de día y por las noches salen a cazar.

jueves, 27 de mayo de 2010

El nido vacío

Mariana estaba contrariada, trataba de desayunar pero algo le oprimía el pecho. Se sentía rara, no sabía como explicarlo, pero sentía que algo se movía dentro suyo. Se decía a si misma que no estaba tan loca como para tener un embarazo psicológico, porque acción no había tenido en un rato largo y el período seguía fichando tarjeta con puntualidad.
Esa mañana al abrir los ojos sintió un regusto extraño que le inundaba la boca, como cenizas, con un dejo metálico. Ahora lo recordaba, había soñado que se sacaba una pelusa del ombligo y la sostenía entre sus dedos para verla bien, era amarilla y crecía. Pronto ocupó su mano, y poco después necesitó de las dos para sostenerla. Al poco tiempo sus brazos no resistieron y la soltó, porque no paraba de crecer y le llegaba casi a las rodillas. Mariana retrocedió unos pasos para darle espacio a la creciente pelusa, que se expandía sin control. Había alcanzado el tamaño de un auto pequeño cuando de su centro surgieron dos ojos verdes que la miraron, le pelusa entonces se volvió azul. Mariana estaba extasiada frente a ese par de ojos que la miraban desde esa pelusa azul que tenía el tamaño de una casa y seguía creciendo. Por debajo del lugar donde estaban ubicados sus ojos, la pelusa esbozó una sonrisa. Mariana despertó agitada y transpirada. Entonces sintió aquel extraño gusto en la boca y como era un poco hipocondríaca decidió sepultar el tema conversando consigo misma sobre la extrañeza del sueño que había tenido. Mientras preparaba su ducha matutina una canción que creía haber olvidado se instaló en su mente y no pudo dejar de tararearla durante todo el ritual mañanero. Era una canción que le cantaba su abuela, hablaba sobre la vida en el campo y la llegada de la primavera como si se tratara de la entrada al mundo de los adultos. El invierno era la calidez del hogar maternal y la llegada de la primavera, la partida. Mientras trataba de recordar uno de los versos bajo el agua tibia de la ducha sintió por primera vez aquella extraña sensación dentro suyo, poco después tosió algo parecido a un trozo de cáscara de huevo.
El desayuno la encontró nerviosa, preparando una jarra de café sin nadie que le hiciera compañía, y con la creciente sensación de que algo anidaba dentro de si. Prendió la hornalla y llenó la pava de agua cuando algo se movió dentro suyo a la altura de sus pulmones. En ese momento a Mariana se le aflojaron las piernas y estuvo a punto de soltar la pava cargada, pero logró recomponerse y apoyarla en el fuego. Llamó al trabajo para avisar que faltaría, y contuvo una arcada mientras su jefa le decía que descansase, que se recompusiera para el día siguiente y que le mandaba al médico laboral para que revisase que todo estuviese en orden. Mariana cortó la comunicación abruptamente para que su jefa no la escuchase vomitar. De rodillas en el frío piso de cerámica beige, con su cuerpo bloqueado por la nausea y los brazos intentado contener el movimiento que bajo su pecho le hacía las cosquillas que le revolvían las tripas. Sintió un reflujo subir por su garganta y se preparó para que el vómito la salpicase lo menos posible, pero en su lugar de su garganta salió un repugnante mezcla de bilis, alvéolos y pequeñas plumas amarillas. Consternada pasó un trapo rejilla por sobre la asquerosa mezcla para limpiarla y puso los granos molidos de café en el filtro, luego limpiaría los restos que habían quedado entre las uniones de la cerámica. Comenzó a echarle el agua caliente cuando el movimiento dentro de sus pulmones volvió a asaltarla. Una cosquilla al principio, pero creciendo en intensidad. Durante un momento las cosquillas fueron tan fuertes que Mariana estuvo a punto de soltar una carcajada. Nuevamente sintió nauseas y se le aflojaron las piernas, pero esta vez alcanzó a sentarse en una silla. Pero no se mantuvo demasiado tiempo sentada ya que las nauseas, las cosquillas el dolor y la angustia lograron que se desplome en el piso de cerámica, al lado de la mesada. Sintió arcadas cada vez mas fuertes, los vómitos eran el preludio de algo mayor que estaba por llegar. Aquello en sus pulmones se preparaba para salir. Mariana sentía como la desgarraba por dentro. Al poco tiempo vomitó como nunca antes lo había hecho en su vida, ni siquiera en el corolario de sus peores borracheras de adolescente que quiere crecer prematuramente había lanzado tanto y con tanta fuerza. Por un instante incluso se desvaneció, la despertó el sonido de la cafetera indicando que el café estaba listo. Frente suyo algo parecido a una almohada enorme emplumada parecía respirar. Mareada y un poco débil, sin dejar de mirar aquello que su cuerpo había expulsado, Mariana se puso de pie. No sabía que hacer con esa cosa. Antes de que se llegase a ocurrir nada una cabeza salió de esa cosa en frente suyo y comenzó a elevarse unida a un cuello cada vez mas largo escrutando los alrededores. Se cruzaron las miradas de mariana y esa cosa y entonces por debajo de esta última surgieron dos patas flacas y nudosas. Una vez de pie Mariana reconoció al avestruz que se encontraba delante suyo. Entonces sirvió dos tazas de café, preparó la mesa y lo invitó a acompañarla para charlar un rato.

domingo, 24 de enero de 2010

Vencidos vencedores

La ciudad me parece bastante gris,
y a veces de despierto convencido
de que es mi trabajo colorearla.
Es mi vicio quién me detiene,
me ofrece justo lo que necesito.
Y entonces ya no me importa
que a todo lo falte color,
que la ciudad siga siendo gris.

domingo, 18 de octubre de 2009

Otro Día para ser

Los gritos de Arturo rompieron la calma del amanecer. El panadero y lo que quedaba de uno de sus hijos abandonaron la rutina en la que estaban inmersos y volvieron sus cabezas interesados por el ruido. Arturo había tenido una pesadilla, el corazón le palpitaba y no podía recordar nada. Alertado el panadero y los despojos de su hijo arrastrándose a su lado, se dirigieron hacia la calle donde encontraron a otros vecinos que también habían oído los gritos de Arturo. Estaban: Marcos el reparador de PCs, doña María empuñando torpemente su escoba, también estaban las hermanitas Sandra y Delfina Mareen. Delfina había pasado parte de la noche con un espejo que encontró tratando de reconocer su propio reflejo, intentaba recordar para qué servía ese objeto. Sandra, en cambio, había encontrado algo que comer y su ropa estaba sucia con los restos de ese alimento. A la creciente caravana que se dirigía hacia los gritos de Arturo se sumó Hugo el pizzero, que tardaba mucho en moverse porque uno de sus pies estaba deshecho y pisaba con el tobillo. Renqueando y gruñendo llegó a la retaguardia del grupo que ya golpeaba la puerta desde donde provenían los gritos. Quién sabe cuanto tiempo Arturo se había quejado en sueños, pero al escuchar los pesados golpes en la puerta supo de inmediato que su mente le había jugado una mala pasada: los cadáveres caníbales habían descubierto su escondite y estaban en busca de alimento. Era difícil ser un superviviente de esa plaga de muertos vivientes, suponía que quedaban pocos vivos como él, cada vez menos. Había aprendido que era mejor huir que atrincherarse, ya que los ruidos del asedio atraían más zombies y en poco tiempo la marea de muertos se volvería incontenible. Mientras preparaba su partida y pensaba qué hacer Arturo recordaba con ironía las veces que había deseado entregarse a los de afuera para que toda esa pesadilla terminase de una vez por todas. Pero no, esa no era la forma, prefería morir peleando. Con la mochila en su espalda y su rifle al hombro Arturo bajó las escaleras y no necesitó llegar hasta la puerta para escuchar como la multitud de lugareños luchaba por pasar a través de la barricada improvisada en silencio durante la noche anterior. Pelear, entregarse, sobrevivir, acabar con la pesadilla, la mente de Arturo le recordaba lo fácil que sería que todo terminase. Más sus esperanzas se parecieron plverizarse al recordar que esa era la única salida, había olvidado una de las más básicas lecciones de supervivencia: siempre tener una ruta de escape alternativa. Revisó sus suministros, al rifle no le quedaban muchas municiones pero tenía un hacha de leñador que nunca le había fallado. Los primeros brazos sucios y lacerados atravesaron los restos de la puerta reforzada, la barricada pronto cedería. Pronto sus deseos se harían realidad.

domingo, 17 de agosto de 2008

Líneas de tiempo

Esta es la noche más triste, porque me marcho y no volveré. Mañana por la mañana, cuando la mujer con la que he convivido durante seis años se haya ido a trabajar en su bicicleta, meteré unas cuantas cosas en una maleta, saldré directamente de la casa esperando que nadie me vea, y tomaré el metro para ir al apartamento de Víctor.Todavía puedo verla llorando, abrazada al cuerpo sin vida de su padre, en un funeral tan fastuoso como solitario. Solo algunos pocos y distantes parientes se habían acercado para dar el pésame y se escabullían sin decir adiós. Y ella, sola, frágil y vulnerada, esperando a que la vida le explique sus porqués. Tiempo después, Lucio y Víctor, los cocheros, me dijeron que nadie la había acompañado al entierro. Entonces yo recién dejaba de ser un chico, era apenas el ayudante del florista, nadie para su nivel social. Pero ella estaba herida y necesitaba compañía. -Pero eso fue hace seis años ya-Estoy triste porque tenga que ser de esta manera, pero la vida misma se encargó de darme las herramientas. Hoy temprano vino el gasista y dijo que la pérdida estaba solucionada, pero no lo está. -¿Por qué me mentiste Cecilia?- Pude resignarme a que hayas regalado la fortuna de tu padre; pude aceptar que mis sueños de escapar a la pobreza se hubieran esfumado, -Pero ¿por qué me mentiste? Fue hace menos de un año que llegó una carta de la escribanía y yo, ingenuo, pensé que era sobre la hipoteca. Creía que entre nosotros no había secretos pero no, tenías una fortuna a tu nombre, escondida. Oculté el sobre esperando a que me lo dijeses vos misma, nunca lo hiciste; y los sobres a tu nombre siguieron llegando-Mañana por la mañana, luego de que hayas salido a trabajar, la pérdida de gas seguirá siendo mínima y me encargaré de dejar todo bien cerrado. Mañana temprano pasaré a buscar a Víctor para irnos a pescar, y la perdida seguirá. Llegarás pedaleando cansada, como siempre. Escapándote de tu vida de lujos, esa que insistes en negarme. Fumando, disfrutando de antemano por tener tu casa todo el fin de semana, toda, para vos. Tú casa, tu dinero, tuyo, todo tuyo. Hasta que la muerte nos separe.

jueves, 5 de junio de 2008

¡Ojo con ese rompecabezas!

Todo empezó poco después de que nos habïamos mudado. Dejar la ciudad no había sido fácil y acostumbrarse a la vida en el campo tampoco. Pero entre la melancolía de todo lo dejado atrás y la excitación por lo nuevo, no nos dimos cuenta. Al principio pensábamos que el olor venía con la chacra y que, viviendo ahí, a la larga se iría. Éramos ciegos a lo evidente. Tendríamos que habernos dado cuenta cuando el pie de la lámpara empezó a decaer, estaba más pálido que de costumbre y su característico aroma a queso fontina se agriaba de a poco. Era una pena, los chicos extrañaban los tiros libres que eran su especialidad cuando jugaban a la pelota. Pero eso había sido en la ciudad, donde tenían que jugar en el living porque la calle era peligrosa. A veces te prepoteaba, casi siempre estaba con cara de mala, entre los vecinos se decía que andaba en algo raro. Por suerte en el campo no existen las calles peligrosas, salvo la ruta, pero esa es otra historia. Desde que habíamos llegado a la chacra, las patas de la mesa se habían puesto como locas, estaban llenas de energía. El contacto con lo agreste parecía haberlas despertado de un sueño profundo y las cenas en familia se habían vuelto una epopeya. Por todo eso tardamos en darnos cuenta de que el pie de la lámpara estaba mal. Le faltaban las fuerzas, le tomamos la presión y estaba bajísima, pobre. Ahí empezó el debate ¿A quién llamar? ¿A un médico? ¿A un electricista? Los chicos que se pusieron a llorar porque el pié estaba enfermo... En fin, un lío todo. Al final, lo único que conseguimos fue un veterinario, más para ver que era lo que se podía hacer que otra cosa. Llegó a la nochecita, un hombre cincuentón que daba tranquilidad con solo mirarlo. Los chicos que se la guardaron apretujándola en los bolsillos. Doctor Herrera dijo que se llamaba. Ahí nomás los chicos se calmaron un poco y me los llevé para otro lado para que lo dejasen trabajar tranquilo. Mi marido se quedó cerca por las dudas y yo cada tanto me hacía la distraída y dejaba a los chicos para pispear que pasaba. La cosa era así, el pie de la lámpara tenía gangrena y no quedaba más remedio que sacrificarlo. No nos dimos cuenta, pero le fallaba la irrigación hacía un tiempo. Claro, porque estábamos en el campo, y, para que le circule la sangre necesitaba estar cerca del corazón de la ciudad, si no la sangre no le llegaba. Le dijimos a los chicos que se despidieran del pie porque había que llevarlo muy lejos para que se mejore. Es increíble la fuerza que mostraron, las lágrimas se les salían de los ojos al despedirse, pero nada che. Se la bancaron como dos hombrecitos. Por el rabillo del ojo vi como Jorge buscaba su rompecabezas. También vi al doctor Herrera que le decía que no hacía falta, que como buen veterinario tenía todo lo necesario para un sacrificio piadoso.
Pasó el tiempo y a los chicos se les pasó, salvo un poco a Marcos, el mayor. Si bien el olor en la casa había disminuído, no se había ido del todo. ¡Mirá que ventilamos eh! Una mañana me encontré a mi marido en la cocina con cara de preocupado, tenía la caja con las cosas de costura en las manos, el olor era terrible. Sin que me dijese nada entendí. ¡Nos habíamos olvidado de desembalar la cabeza del alfiler!

viernes, 25 de abril de 2008

Como el viento

No recuerdo como fue, probablemente haya sido de noche. Era el único momento en que veía a mi mamá. Ella trabajaba todo el día y yo iba a la escuela a la tarde, como ella decía, para no tener que madrugar. No sé si fue antes o después de cenar que me mostró lo que tenía para mí, un libro, que primera vista no ofrecía demasiado. Recuerdo que tenía muchas ganas de leerlo, pero la primera impresión no me resultó muy estimulante. La sobrecubierta era color verde lavado que no ayudaba, y la ilustración de la tapa tampoco. Ahora que lo pienso, estoy seguro de que haber visto antes la película tampoco ayudó. Eso le dio forma previa a mi imaginación, me enseño a desilusionarme demasiado temprano. A la fuerza no pude imaginarme las cosas por mi mismo, porque ya las había visto antes en la tele. Mi relación con aquel libro había empezado con un mal pie, pero aún así, esa misma noche comencé la lectura. Era la primera vez que me largaba solo a una aventura de ese nivel. No fue fácil leer una novela a los siete años.
Era cierto que el prejuicio no había ayudado en un comienzo, pero rápidamente comprendí que el libro no era igual a lo que conocía. Aparte de ese liberador gran descubrimiento, también aprendí que leer una novela tenía sus problemas. Me llevó casi un tercio del libro establecer que un capitulo por noche era una buena medida de lectura. Abandonar en cualquier parte servía para releer párrafos enteros o terminar salteando quien sabe cuantos. Nada, por suerte, que la práctica no haya podido solucionar.
De a poco me dejé llevar por ese mundo, esa aventura. Constantemente ocurrían cosas que nunca hubiera imaginado. Con el tiempo fui aprendiendo a que ese universo me pertenecía. Todos mis compañeros de escuela también habían visto la película, pero yo había dado un paso más allá. Ese mundo me pertenecía a mí, solo a mí, a nadie más. Esa era mi maravilla oculta, mi secreto. Leer se había vuelto una cosa que me diferenciaba de los demás,
Pasó el tiempo y la vida siguió su camino. Con el paso de los años llegó a mi conocimiento una costumbre, algo que, al parecer, se compartía en algunos seléctos círculos por el mundo. Había gente que liberaba a sus libros amados.
Esa idea poética caló profundo, la sentía parte de mí. Investigué sobre el tema con mucha esperanza, pero, lamentablemente, descubrí que esa práctica no tenía nada de lo romántico que había creído. Había gente que los marcaba para después buscarlos, era como una búsqueda del tesoro, pero para gente intelectual. La realidad aplastaba mis ilusiones, lejos quedaba el ideal que había imaginado. Pero esa historia no podía terminar así. No, un libro que me había dado tanto no podía permanecer para siempre en una biblioteca, en el olvido, condenado a, con suerte, ser releído por los mismos una y otra vez.
El destino eligió que ocurriese un mediodía de verano. Viajaba en colectivo y tenía el libro conmigo. Realizaría el acto poético que no había podido encontrar en otros. Me levanté del asiento para bajar y lo dejé tras de mí, sintiéndome feliz por saber que cambiaría la vida de alguien. Mientras me bajaba, una mujer me chistó, casi sin mirarla le dije que ese libro no era mío. Era la verdad, ese libro ya no me pertenecía, era libre, como el viento.

domingo, 30 de marzo de 2008

La fábula de FuYuFei y el abad

Esa mañana el monasterio abrió sus puertas para hacer la evaluación anual a los postulantes a monjes. El niño Fu Yu Fei llegó primero y se presentó muy entusiasmado, sin embargo el abad lo rechazó diciendole, simplemnte, que no estaba lísto.Ese mediodía, mientras dirigía los rituales previos al almuerzo, el abad miró a un joven que paseaba por el bosque lindero, este le devolvió la mirada, pero el abad volvió a negarle el ingreso al monasterio a Fu Yu fei.Esa misma tarde el abad debió partir hacia la ciudad para tratar unos asuntos con el gobernador, en el camino se cruzó con un robusto leñador que lo saludó cortesmente, como se merecía un monje de su investidura. El abad agradeció el gesto y, aunque severo, algo apenado, no tuvo otra opción que volver a rechazar a Fu Yu Fei por aún no considerarlo listo para ingresar al monasterio. Este se volvió cabisbajo hacia su hogar, donde su mujer y sus hijos lo esperaban.Anochecía cuando el abad llegó finalmente a la ciudad. En la entrada, un mendigo se le acercó a pedirle limosna. El abad, en su infinita, aunque humana, sabiduría volvió a repetirle a Fu Yu Fei que todavía no se encontraba listo para ingresar al monasterio. Este aceptó humildemente la negativa y regresó a sus tareas de mendigo.Esa noche, desde su habitación de invitado en el palacio, el abad escuchó a lo lejos la música de un funeral, y, como máximo representante religioso de la región, creyo que su obligación acercarse a dirigir lo rituales. Una vez en el lugar reconoció en el feretro a un anciano Fu Yu Fei, al que solo pudo decirle que aún todavía el momento no había llegado.La mañana siguiente mantuvo al abad ocupado en largas reuniones con el gobernador y su corte. Debatieron acaloradamente sobre temas de suma importanmcia. Durante uno de los descansos, el abad optó por ir a meditar a los parques del palacio. En el camino se encontró con una mujer que en sus brazos llevaba un niño. En los brazos de su madre, el bebé Fu Yu Fei sonreía porque intuía que faltaba poco.

La indecisa

Le dije que iba a darme una ducha y la invité a acompañarme. No dijo nada, pero bajó la vista y sonrió. Dejé la puerta del baño entreabierta como para que entrase y me sorprendió que no lo hubiese hecho. Cuando salí se había ido, y yá no me responde las llamadas.

Cucaracha Story (basado en una historia real)

-Ahí parece que hay calor.- Se corrió la voz.El ogro es grande, fuerte y muy feo, está acompañado por otros dos amigos ogros.-En la otra habitación, está oscuro, creo que siento olor a comida.-Los ogros no sospechan nada, están jugando con la computadora.-Era cierto, era alimento, cáscaras de papa y algo de aceite. Hay suficiente como para alimentar un grupo pequeño.--Creo que ví algo, en la otra habitación, la que pasamos de largo cuando vinimos. Voy a investigar. Esperen aquí.-El ogro vio a la cucaracha enrar en la habitación y se acercó sin que esta lo notara. Apenas pudo reaccionar, fue inutil, el ogro la mató de un sandaliazo y socarrón le dijo a sus amigos: -¡Aquí no quiero inquilinos!-

Laberinto de espejos

-No hace tanto leí por ahí que los grandes novelistas se pueden dividir en dos grupos, los que realizan complejos experimentos semánticos o aquellos que meramente se limitan a describir mejor que los otros. Yo lo percibo de otra forma; los grandes novelístas, como los grandes pintores; Como todos los grandes artístas y todos los grandes amantes; tienen la capacidad, el deber, de percibir y entender otros puntos de vista. Los grandes escritores deben jugar con lo que los lectores conocen y suponen de su creación. Los pintores deben poder transmitir lo que cada una de las partes de su obra significa, no solo para su creador, sino para la obra como conjunto, como entidad autonoma y sensible. Los grandes amantes deben ser capaces de mostrar la más absoluta disposición a comprender las sensaciones de su pareja, pudiendo estremecer con caricias cada vez más sutiles, llegando a poder causar placer con un susurro. Los grandes artístas son los que saben manejar la atención de sus presas. Juegan con eso, destruyen lo esperable. Guían la voluntad de su victima, la somete hasta su rendición. Recién ahí, muy de a poco, una por una, le enseña las reglas. Despacio. El artísta tiene el control, el lector está a su merced, el amante se entrega a su cadencia. El artísta juega, dirije su atención en un sentido y antes de que llegue al punto cúlmine, cambia de rumbo. Se dirije en otro sentido como un músico que cambia de ritmo y tonalidad bruscamente, pero siguiendo un camino. La presa se funde con la creación, nunca el placer puede ser suficiente. Que el cuadro tenga un limite convierte a su creador en verdugo de la potencialidad. Tarde o temprano los amantes necesitan más de eso único e irrepetible. Los poemas mueren al repetirse. Esta es tambien una experiencia única. El mejor poema había dicho. En ese momento se acercó a mí como nunca nadie lo había hecho. Yo tenía los pies y manos atados, pero no me resistí, ni siquiera cuando afilaba sus herramientas. Había terminado de contarme su historia, como en su momento también la escuchó, de poeta a victima. Como yo la hice propia, de victima a victimario, te doy la bienvenida a nuestro club.-

El Huesped

Disfrazó el sonido del teléfono dentro de sus sueños hasta que no pudo hacerlo mas. El precioso mundo onírico se desvanecía. Hizo una fuerza sobrehumana para quedarse, pero era imposible.Alicia tanteó en la oscuridad hasta reconocer la forma del aparato telefónico, levantó el auricular y murmuró: - ….…hhhola-Nadie respondió.Ya más conciente de sus acciones abrió los ojos y dijo- HOLA- con un tono mas firme.Se molestó bastante cuando no tuvo respuesta Muy cansada colgó el teléfono y se acomodó en la camacon la idea de seguir durmiendo.Con la cabeza en la almohada se dejó llevar por sus pensamientos. Se encontró navegando entre mundos. Mitad despierta, mitad dormida…pero algo volvía a sacarla del ensueño. Su calma volvía a ser interrumpida. Saltó en la cama, asustada por el timbre del teléfono que volvía a sonar. Decidida, levantó el auricular y con voz firme dijo: - Hola, ¿Quién és?-Esta vez tampoco sus palabras fueron respondidas.Esperó unos segundos mas y cortó.Volvió a acostarse, sabiendo que esta vez le costaría mucho dormirse, Antes tenía que serenarse un poco. Dio vueltas sobre si misma durante unos minutos hasta convencerse de que no se dormiría tan facilmente. Corrió las sabanas y se sentó en el borde de la cama. Permaneció así un momento mientras decidía que hacer. En la total oscuridad, y sin cambiar de posición, buscó mecanicamente en su mesa de luz. Intentó prender el velador.-Click-.No encendió. Probó de nuevo. Nada cambió.Tanteando buscó su camisón y se lo puso de memoria. Caminó hasta la entrada del cuarto y apretó el interruptor. Las luces de la pieza tampoco funcionaban.Abrió la puerta de la habitación, estaba tan sumida en el sopor que ni siquiera pudo disfrutar del espectáculo de luces y sombras que brindaban las copas de los arboles a través del ventanal en el fondo del pasillo. La luz de la luna, apenas visible entre las nubes, se escurría a través de las hojas de los arboles. Gracias al movimiento de las ramas parecía que, al proyectarse la luz, todo el pasillo estaba en movimiento. Era un espectáculo que Alicia prefirió dejar de lado. Ese lugar de la casa nunca le había gustado del todo y prefería evitarlo.Recién cuando hubo llegado a la sala de estar se dió cuenta de lo espesa que era la noche. Muy despacio comenzó a caminar tanteado con los pies y manos antes de dar un solo paso, descubriendo la ubicación de los muebles en vez de chocárselos. Utilizando la memoria logró evitar la mayoría de ellos sin problema, pero aún así no pudo sacarse de encima esa sensación de inseguridad latente¿…y si hay algo fuera de lugar…? Tardó unos minutos hasta llegar a la cocina, donde buscó el interruptor solo para comprobar que no había energía en toda la casa. Entonces fué a la heladera y abrió la puerta. De su interior sacó una botella de vidrio, con sus dedos sintió el contorno de la botella y las figuras allí labradas. Comenzó a tomar.El teléfono volvió a sonar y Alicia, sobresaltada, soltó la botella. En esa milésima de segundo pensó que la botella se estrellaría, pero el sonido dijo lo contrario. El timbre del teléfono volvió a sonar, y la encontró dudando entre atender o levantar la botella caída. Se agacho y encontró la botella antes de lo pensaba, estaba a milímetros de sus pies. Estaba de pie y no se había volcado nada.El teléfono volvió a sonar.Agarró la botella de vidrio aún fría. Un escalofrio recorrió su frágil cuerpo. Tenía la sensación de que había alguien mas en la habitación. No, eso era una fantasía. Una idea y nada más.El teléfono volvió a sonar.Finalmente dejó la botella en la heladera y se encontró levantando el auricular del teléfono, no recordaba haber llegado de la cocina a la sala de estar. Algo confundida puso el auricular sobre su oído otra vez. No dijo nada, solo escuchó.Alicia palideció..Escucho por menos de un segundo y colgó velozmente. No podía poner en palabras lo que había escuchadpo. Caos puro. Una mezcla de ruidos que no eran humanos, gritos. El ruido del metal retorciéndose. Carne Roída. Caos puro.Estaba paralizada. En la oscuridad solo escuchaba los latidos de su corazón, pero en su mente seguía viendo las imágenes que le llegaron por la línea telefónica. No se detenían, estaba atrapada en el presente. Temblorosa dió un paso hacia atrás casi por instinto, queriendo alejarse lo antes posible del aparato. Dió otro, y con las manos se tomó la cabeza intentando apagar esas imágenes. Dio uno mas y se golpeo la pierna contra un mueble. Perdió el equilibrio y sintió que empezaba a caer.Pero no, estaba de pie.El teléfono volvió a sonar. Ella, histérica ya, se abalanzó apretando los dientes, gritando para darse coraje. Tomó el aparato y tiró hasta dejarlo en silencio. Desconectado lo lanzó al piso. El teléfono dió unos tumbos antes de perderse en el silencio nocturno.En la oscuridad absoluta, Alicia observó fijamente hacia donde había caído el aparato. Respiraba fuerte, con los nervios alterados. Permaneció así hasta que sus ojos se aclimataron un poco a la oscuridad. El telefono yacía deshecho contra la pared. Una voz surgió desde esa ruina. Una voz rasposa y anestesiada que la llamaba por su nombre –Estamos llegando...-Alicia no pensó. Inmediatamente comenzó a correr sin rumbo por las habitaciones oscuras. No importaba donde. Solo importaba alejarse. Chocaba contra los muebles pero no le importaba. Alicia solo quería escapar. Debía huir de su propia casa.Continuó recorriendo habitación en habitación. La casa parecía no tener fin. Se sentía perseguida. Casi podía escuchar como un par de pies invisibles se le acercaban mas y mas. Como le cortaban el paso. Confundida, mareada, no quería reconocer que estaba perdida en su propia casa. En realidad sabía en que parte estaba, pero no quería admitirlo. Estaba otra vez junto al telefono.Las lagrimas comenzaron a brotar de sus ojos. Deseaba estar soñando. Pero desear no cambiaría nada y lo sabía.El teléfono, aunque desconectado, volvió a sonar.Rendida, Alicia se apoyó contra una pared, y se dejó caer llorando. Estaba perdida, vencida. Quería que todo terminase pronto.El teléfono dejó de sonar, pero ella no intentó volver a moverse.Permanecía en su posición, llorando. El miedo la paralizaba, porque sentía como una mano invisible le acariciaba el pelo.El teléfono volvió a sonar…

Sean Breves

...Y entonces le dijo que no la volviese a llamar.-
-¿Y le hizo caso?-
-No sé, me ofendí y nunca más la volví a llamar-